Extret de Berardi, Franco (2007) El Sabio, el Mercader y el Guerrero. Del rechazo del trabajo al surgimiento del cognitariado. Ed Acuarela & A. Machado (Traducción al español de Álvaro García-Ormaechea) pàg. 261-262
La propiedad privada es uno de los dogmas del capitalismo moderno. Pero ¿en qué se basa semejante dogma? John Locke funda el derecho de propiedad en dos consideraciones: la propiedad privada es necesaria oara salvaguardar la exclusividad del consumo de bienes escasos y es útil para incentivar la investigación. Estas dos consideraciones hicieron que el régimen de propiedad privada durante la época industrial fuera inatacable. Pero hoy, con el afirmarse de la forma cognitiva y replicable (y ,por tanto, no consuible) de las mercancías y con el difundirse de la forma cognitiva y reticular de la producción, aquellas dos consideraciones tienden a perder valor. Como dice John Perry Barlow:
La información no se parece a las mercancías físicas. Si yo tengo un tostador y te lo vendo lo dejo de tener. Solo tú te puedes hacer tostadas, yo no. Pero si tengo una idea y te la vendo, la sigo teniendo. Y no sólo ésta no pierde valor para mí, sino que se peude pensar que incrementa su valor para los dos.
La crisis del principio propietario tiene su causa ante todo en este nuevo estatuto (inmaterial, replicable y no consumible) de la mercancía. A las grandes corporaciones que aplican intensivamente el trabajo cognitivo y que producen bienes de alto contenido de saber – como las corporaciones de la informática, de la música, del vídeo, de la farmacología y de la biotécnica – se ha hecho cada vez más difícil imponer el respeto a la propiedad, al desaparecer la exclusividad del consumo. Por ello tienen que recurrir a la represión, a la violencia y al chantaje para poder imponer una privatización para la que no existe ya justificación.
Pero el segundo aspecto del problema no es menos importante. La privatización viene motivada por la necesidad de estimular la innovación a través de la competencia orientada al enriquecimiento. Sin embargo, también esta justificación parece debilitarse, desde el momento en que la producción ha adquirido un carácter cognitivo y reticular. En un espacio reticular, en efecto, el modelo competitivo no siempre es el más funcional para la innovación, mientras que el principio cooperativo tiende a adquirir potencia creciente. Pensemos en un caso de cooperación social como es Linux, que deriva de la aplicación de un principio no competitivo cuya potencia innovadora es superior al modelo privado, gracias a la sinergia espontanea de la red. El dogma liberal según el cual sólo la competencia económica puede sostener la innovación y la investigación olvida el hecho de que existen gratificaciones no reducibles a la economía y que también la generosidad (esto es, la conciencia de no ser individuos aislados sino de pertenecer a un género) puede poner en marcha, en condiciones específicas como la red, procesos de innovación. Al contrario, la fijación competitiva puede suponer reducir la productividad y la innovación, pues en ciertas condiciones puede llevar a esconder o a pervertir las potencialidades innovadoras del saber. De ahí entonces que el principio de propiedad privada aparezca debilitado por la evolución de la tecnología y por la evolución cultural.
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